Criadas y Señoras (The Help)

Es difícil afrontar ciertos temas sin caer en la búsqueda de la lágrima fácil ni frivolizar en exceso con asuntos graves. Criadas y Señoras consigue ofrecernos una visión diferente de la segregación racial que existía en el sur de Estados Unidos hasta hace menos de 50 años. Lo hace huyendo del tópico fácil y de la violencia, pero criticando con sutileza los aspectos más ridículos y paradójicos de esa sociedad. Para hacerlo se apoyan en heroínas  alejadas de lo que tradicionalmente consideramos como tales. Mujeres extraordinarias: extraordinariamente trabajadoras y extraordinariamente valientes.

Estos extraordinarios personajes están bien respaldados por las interpretaciones de Viola Davis y Octavia Spencer, que dotan a sus personajes de un carisma indiscutible y consiguen que el espectador empatice con ellas desde el primer momento.

La música y la estética de la película nos remiten con facilidad a principios de los años 60 y nos traen recuerdos de Mad Men. Esas amas de casa, acomodadas y con excesivo tiempo libre, que ven transitar la vida entre partidas de bridge y cenas benéficas.

Si algún pecado puede tener el filme es quizás su excesivo maniqueísmo, que en parte se ve suavizado por el personaje que interpreta Emma Stone, que, a pesar de provenir de una familia acaudalada, rompe con los esquemas de sus compañeras de generación y se muestra como una mujer liberada, probablemente por su formación universitaria.

Porque Criadas y Señoras es, además de una película sobre conflictos raciales y lucha de clases, una película que nos muestra las diferencias existentes entre la vida urbana y el mundo rural.

Así, la película resulta recomendable para cualquiera que disfrute con las películas que narran las dificultades que surgen en la convivencia de grupos sociales con características variadas, desde un punto de vista desenfadado, mezclando con habilidad instantes de diversión y otros que harán escapar más de una lágrima al espectador más sensible.